10 feb. 2008

ANTOLOGÍAS: ESE VARIOPINTO CONDOMINIO NARRATIVO

Javier Miranda-Luque




Al momento de redactar este post, yo apenas he “convivido” en un par de antologías narrativas bastante recientes: De la urbe para el orbe (Alfadil, Caracas 2006) —que recoge la primera edición del ciclo de la Nueva narrativa urbana que en este 2008 de la rata celebra su tercer año consecutivo— y Tatuajes de ciudad (Sacven, Caracas 2007), edición conmemorativa que plasma una década del Concurso de Cuentos organizado por la Sociedad de autores y compositores.

Ambas antologías, ferozmente inexistentes dentro de la prensa creole, corrieron con algo más de difusión en la blogosfera. Ignoro absolutamente las cifras fidedignas de distribución y ventas de las respectivas ediciones, además de que (para que quede claro fiscalmente) los “vecinos” de ambos condominios no percibimos derechos de autor por nuestras narraciones allí publicadas

De lo que se trata entonces, en estas dos antologías, es de compartir una “vecindad” con otros autores con los que, de alguna otra forma, resulta muy posible que no hubiésemos coincidido. Yo concibo a las antologías como una suerte de espacio común para el encuentro de textos que escapan a los compartimientos cerrados de las gavetas y/o los discos duros.

Y me repito al decir (mea culpa incontinente) que las antologías funcionan como una forma generosa y eficaz de publicar narrativa. ¿Los lectores coinciden con este punto de vista mío; otros escritores sienten el mismo nivel de comodidad que yo coexistiendo en tales apartamentos (con)textuales? Pues ¡vaya usted a saber!

Además de que, a nivel eufónico o lexical, resulta un auténtico coñazo aquello de ser un autor “antologizado”. Me consta que la puñetera palabreja de marras suena a intromisión corporal indeseada, sin cobertura por las pólizas médicas.

En De la urbe para el orbe me han tocado de vecinos autores que yo leía ya, pero a quienes jamás les había visto el rostro: Jorge Gómez Jiménez, Fedosy Santaella o Enza García. En Tatuajes de ciudad, por ejemplo, me reencuentro con Krina Ber (el puto corrector de Word insiste en convertir el apellido de Krina en el verbo “Ver”) o el ficcionario Héctor Torres y cohabito, además, con mi esposa Edith Márquez Mora.




Durante los cócteles de presentación de cada antología, una de las anécdotas más frívolas —y por lo tanto sabrosas— era escuchar el listado de los autores y relatos favoritos de cada “bebedor” (¿catador de ficciones?) y las quinielas que se iban entretejiendo, al estilo de un top ten o hit parade que animaba el cotarro literario nacional. No en balde, ya algún bloguero con pseudónimo telúrico ha bromeado con propiciar una especie de tele-reality show titulado “Latin american writer”. Todo sea por proporcionarle un sacudón a un panorama que oscila —en slow motion— entre el bostezo boquiabierto y las palmaditas de complacencia resonando en diversas espaldas sucesivas.

Ahora y aquí puedo asegurar no he tenido ningún encontronazo con nadie durante mi “residencia” en este par de condominios narrativos. Ni problemas con la conserje ni con la junta de condominio. Que no es poca cosa, ¿eh?



http://malditaweb.blogspot.com

2 comentarios:

krina dijo...

Hola Javier! Gusto en saludarte por aquí.
Te felicito por el elogio de las antologías, que para mí son la mejor manera de publicar cuentos, la que más le abre los ojos y le deja saborear diferentes estilos y visiones del mundo. Aprovecho para recomendar dos que estoy leyendo ahora con una enorme felicidad
Habrá una vez: antología de cuento joven norteamericano (Alfaguara), Antología del cuento norteamericano (seleccionada y prologada por Richard Ford, Galaxia Gutenberg, círculo de lectores), y ojalá los consigan porque no es fácil. Sumo a esto la tercera, que estaba en la primera feria del libro en Librerías del sur: Generación quemada (una antología de autores norteamericanos) con prólogo de Zadie Smith, Siruela, una verdadera colección de maravillas narrativas, y ustedes disculpen mi adhesión a esta invasión cultural del imperio.
(en cuanto a mis miserias con el apellido, no es ni una décima parte... Este cuento te lo echo aparte algún día)
besos
Krina

©Javier Miranda-Luque dijo...

Gracias, Krina, y enhorabuena por tu Premio SACVEN. Allí nos vemos.