10 feb. 2008

EL AUSTRALOPITECO DE LA NOVELA

Juan Carlos Chirinos



«No era un ser humano; era un homínido, pero no sapiens; de otra especie, una que no puede percibir el mundo con los cinco sentidos, aunque los tiene; sabía que los tenía, podía sentirlos, pero los estímulos no llegaban al cerebro y por eso no podía conocer más allá; era sorda, tartamuda y tenía las papilas gustativas deformadas, sentía la piel más gruesa de lo normal, pero la visión era extraordinaria; todo eso era muy raro. Incluso intenté cantar, y no pude; aunque estaba convencida de que lo podía hacer, las cuerdas vocales no me contestaron. Y cuando pude decir una simple frase, los que me acompañaban me abandonaron, espantados. ¿Por eso desaparecieron los neandertales, porque no sabían cantar?»

El primer cuento nació después de una cacería, después de que alguien se alejara del grupo para agarrar una fruta, o hacerse con un palo más fuerte que los demás; después de que el más valiente —una mujer, sin duda— se acercara con resolución al árbol que acababa de ser destruido por el rayo poderoso, dejando la estela de fuego y destrucción de la que habría que cuidarse —también estaban naciendo los dioses por ese entonces.

El primer cuento nació de la boca del adulto desesperado por los llantos incontrolables del bebé que no quiere dormir; de los labios balbucientes del niño que solitario que se inventa historias para no aburrirse, mientras sus padres cocinan, cazan o simplemente merodean en busca de amenazas. En cualquier momento de esos nació el cuento, la historia digna de ser imaginada más allá de sus límites reales.

Pero la novela no. La novela fue la consecuencia natural del primer asesinato, nació cuando el ser humano supo que la amenaza más grande no está afuera, en la oscura frontera que lo acecha, sino en el umbral asombroso que le oculta sus anhelos interiores.

Quizá por eso desaparecieron los neandertales, porque nunca tuvieron miedo a mirarse por dentro. Supieron del susto que dan los cuentos, pero no de los terrores de la novela. Los terrores espantosos de las historias con bifurcaciones.


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