10 feb. 2008

UN CUENTO

Carlos Sandoval



Un cuento. En la cuadra donde viví hasta los once años había un zapatero: Teotino, que a su vez tenía un hermano a quien llamaban El Loco (su verdadero nombre era Víctor Pereira, pero esto lo sabría mucho después). Al Loco le daban unos ataques en plena calle: comenzaba a tirar piedras y a perseguir a la gente. Era un borracho, vivía de la caridad del barrio. Odiaba a Teotino porque el zapatero le botó un colchón lleno de billetes. Más de una vez el Loco Víctor le cayó a pedradas a la tienda de su hermano ante la displicencia de la calle que veía en el suceso un motivo de recreación.

Víctor se dejaba caer con frecuencia en el pequeño local de mi padre: una tipografía ubicada en la planta baja del edificio donde vivíamos. Una mañana El Loco se apareció con los tres tomos de la Historia de la filosofía, de Nicolás Abagnano; otra, con los dos gruesos volúmenes de Giacomo Prampolini: La mitología en la vida de los pueblos. ¿De dónde sacó aquellos libros? ¿Los habrá leído?

Una tarde Víctor se enfrascó en una discusión con Key, el funcionario de al lado de nuestra casa, sobre la palabra Harmonía: ¿era con o sin hache? Papá me había enviado, como siempre, a comprar cervezas en el depósito de Santana Morillo, por lo que cuando entré El Loco ya había reducido al pobre Key. Víctor se tomó la botella y caminó hacia la rampa, hacia lo alto del barrio donde, decían, dormía debajo de un alero.

Admito que el cuento es poco interesante, pero para mí contiene eso que nos hace leer la prensa de sucesos y escuchar cualquier chisme: el misterio de una vida pequeña, común, que en apariencia no tiene nada qué decirnos y sin embargo… Aquel gesto de Víctor me reveló un mundo secreto y desconocido al cual nunca tuve acceso. Tal vez El Loco murió, quizá el colchón era otra ficción, pero no dejo de acariciar las tapas de Prampolini y de imaginar de dónde sacó aquel borrachín la explicación sobre Harmonía, una de las diosas griegas.


Carlos Sandoval
febrero 2008


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